martes, 6 de agosto de 2013

El Martinete de Villalegre

  De sobra es conocida por los vecinos de Llaranes la Avenida del Martinete, probablemente la principal arteria del barrio y que lo atraviesa desde el barrio de Ensidesa hasta el final de la zona de La Espina.
   Lo que seguramente ya no es tan conocido es el origen de este nombre. Según el DRAE (Diccionario de la Real Academia Española), en la segunda entrada (acepciones 2 y 3) de la palabra “martinete” lo define como “Mazo, generalmente de gran peso, para batir algunos metales, abatanar los paños, etc […] Edificio industrial o taller metalúrgico en que hay estos mazos o martillos”.
   Quizás a algunos les suene y a otros no, pero el caso es que el transcurrir de los tiempos decidió que en el año 1753 comenzasen los proyectos para abrir en la zona del bajo Villalegre (actual zona de La Espina) un martinete aprovechando el cauce del río Arlós que atravesaba la parroquia de San Lorenzo. En este año un tratante de cobre que atendía al nombre de Diego Benito Gutiérrez compra la propiedad para erigir dicha industria, constando en ese momento de un molino harinero, una edificación con pajar y media hectárea para cultivo.
   Su situación era dentro de la Parroquia de San Lorenzo de Cortina, estando obligada a satisfacer los diezmos y primicias en favor de ésta hasta la supresión de los mismos con la desamortización de Mendizábal, promulgada en 1836. Pascual Madoz, en su Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar, editado entre 1845 y 1850, se refiere al Martinete dentro de la entrada San Lorenzo o Llaranes de Allá así “Industria: la agricultura, un molino harinero y un martinete para estirar el cobre”.
   No obstante en tiempos modernos la creación de nuevas parroquias en el entorno como la de Santa Teresa del Pozón, la del Sagrado Corazón de Jesús de Villalegre o la desmembración de la de San Esteban de Molleda hizo que en 1970 el Obispo de Oviedo de aquel entonces, Sr. D. Gabino Díaz Merchán ajustase los límites de las parroquias ya existentes, dejando la fábrica del martinete dentro de la nueva de Villalegre, tal como dice el Decreto realizado para tal fin por el Arzobispado de Oviedo: “…toma un pequeño sendero (la línea imaginaria del límite) hasta la vía del Ferrocarril, la cruza y continúa el camino hasta el Martinete, que queda incluído…
   Volviendo a la singular fábrica y aclarada su situación, junto al actual patio de recreo del Colegio Público Apolinar García Hevia, hay que comentar que desde su fundación el martinete, conocido también como “La Cobrería”, contó con personal cualificado y de condición hildalga.
   Así pues, Juan Carlos de la Madrid en su obra “Avilés, una historia de mil años”, habla de un total de once trabajadores por aquella época, contando maestros, contramaestres, aprendices y peones. Años después, en 1761 tiene doce obreros en plantilla y en 1771 un total de trece. Para completar los datos de plantilla hemos de decir que pocos años antes de su cierre, concretamente en 1857, contaba con un total de nueve empleados.
   El mismo Pascual Madoz que citábamos antes habla también en su Diccionario de los talleres de los que disponía la fábrica:
Esta fábrica tenía tres oficinas: la primera con dos hornos para fundir y refinar los cobres agrios, la segunda para derretirlo, moldearlo y estirarlo a golpe de mazo o martinete, el cual pendía de una gran viga a la que daba movimiento una gran rueda impulsada por un salto de agua, la tercera ultimaba y daba los últimos retoques al cobre.”
   Los dos hornos que se citaban en la primera sala fueron añadidos a principios del siglo XIX y estuvieron en funcionamiento durante todo ese siglo. Objetos que salían de su fragua eran calderas, pailas de todos los tamaños, aparatos de alambiquería, cazos, canguilones y demás utensilios de cocina.
   El mineral procede de las minas de Riotinto (Huelva) coincidiendo con el máximo apogeo de éstas durante todo el siglo XIX, siendo también la época de máximo esplendor de nuestro martinete (entre 1814 y 1850).
   Tal como dice Luis Adaro Ruiz-Falcó en su libro “175 años de siderometalurgia asturiana”, editado en 1968, en 1879 el martinete se encontraba bajo la razón social de “Carreño, viuda de Flor y Troncoso”. Consumía unos 15.000 kilos de cobre al año y se gastaban 16 quintales de carbón por cada 100 kilos de cobre. El carbón vegetal procedía de los montes de Corvera y se consumía en cantidades bastante grandes al irse quedando obsoleta la maquinaria y los métodos de producción.
   Años antes, en 1839 el martinete tiene un beneficio anual de 200.000 reales ya que era uno de los principales motores de la economía municipal y proveedor, también de la materia básica para los conocidos “Caldereros de Miranda”.
   A partir de 1857 empieza el declive del martinete, ante el paso de su propiedad a los herederos de los anteriores dueños, que son orientados a profesiones más liberales. El martinete seguía funcionando, cada vez con un menor rendimiento, y la mansión anexa, de la que hablaremos a continuación, utilizada como residencia de verano.
   La fábrica del Martinete dejó de funcionar entre 1879 y 1902, cuando Rafael Fuertes Arias comenta que se encontraba cerrado y parcialmente en ruina.
   Junto a todo esto cabe destacar la casona palaciega con capilla anexa que existía junto a la fábrica del Martinete para el uso y disfrute de sus dueños.
   Para entrar en la finca había que traspasar un portón tras el cual se avecinaban las edificaciones de la fábrica, el palacete y la capilla.
   La casona-palacio constaba de dos plantas con un tejado abuhardillado y con balcones laterales de muy buena factura. Al interior, una cocina grande en la planta baja y habitaciones y huecos que parecían más grandes de lo que en realidad eran debido a la ausencia de los muebles necesarios (Ver “La casa del Martinete”, de José Ramón Cueva). Anexa, la capilla pública de Santa Bárbara, a cuyo coro se accedía por un corredor desde el interior de la casona. El interior lucía un hermoso retablo de talla con imágenes y un pequeño confesionario.
     La capilla fue protagonista de un robo en 1919 en el que los ladrones sustrajeron del templo un cáliz de plata y otros ornamentos sagrados que fueron quemados en la Guerra Civil en 1936.
   En el mismo frontis de la capilla, y un poco más arriba de un óculo central, se encontraba la única pieza que se conserva actualmente de la hermosa capilla. Un escudo de armas que tras el derribo del complejo en los años 70 fue llevado a la finca de doña Rolindes, en el Carbayedo, de donde pasó a su actual emplazamiento, sobre la fuente adosada al Palacio Consistorial por el lado de la calle de la Fruta.
   Este escudo no obedece a ninguna de las normas de la heráldica, por lo que el escudo tenía una función meramente decorativa.
   De la fábrica del martinete se conserva la edificación, que se salvó de la piqueta para construir el Colegio Apolinar y que actualmente ejerce, en precario estado, de vivienda.
  
BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA:
-          Cueva, José Ramón; La casa del Martinete; Publicado en la revista EL BOLLO de 1996 (nº 100).
-          González Calle, Jesús Antonio; El Martinete: Una manufactura industrial avilesina en los siglos XVIII-XIX; Conferencia pronunciada en el Club Popular de Cultura “Llaranes” el 24 de enero de 2006.
-          González Calle, Jesús Antonio; Historia de Corvera de Asturias y su área; Ayuntamiento de Covera, 1996.
-          Río Gondell, José Ángel del; Llaranes. Tres épocas; 2007.
-          Feito Álvarez, José Manuel; Los caldereros de Miranda; Azucel, 2002.
-          Adaro Ruiz-Falcó; 175 años de siderometalurgia asturiana; Cámara de Comercio de Gijón, 1968.

-       Domínguez Rodríguez, Rubén; El Martinete: La otra capilla de Llaranes; Artículo en La Nueva España de Avilés; 9 de febrero de 2010.

Fiestas de San Lorenzo 2013
Revista oficial de CO.FE.LLA.