miércoles, 19 de mayo de 2010

La Capilla del Hospitalillo


Interior de la Capilla del Hospitalillo
Foto: José Javier Domínguez

Casi todos los hospitales asturianos, o incluso todos, tienen un espacio donde los enfermos pueden rezar. No iba a ser menos el centro hospitalario construido por Ensidesa entre Llaranes, El Cruce y Garajes, el cual cuenta con una de las capillas más desconocidas de Avilés, la cual yo visité en mayo de 2008, nada más enterarme de su existencia.
El centro hospitalario, conocido popularmente como El Hospitalillo, fue uno de los primeros edificios que construye la empresa, inaugurándose en julio de 1956, antes de la finalización de las obras en el poblado de Llaranes. Además de la capilla que ahora describiré el centro cuenta con una excepcional escalera helicoidal, similar a la que hay en el edificio de Educación Primaria del Colegio Público Llaranes.
En la primera planta se halla la capilla, por la parte del patio y en el brazo más largo del edificio. Se trata de una sala de planta rectangular, pintada de color verde, con una sacristía tras el retablo también rectangular pero en el sentido contrario al del templo.
A la sacristía se puede acceder desde dos puntos: el primero es desde el pasillo del hospital, sin necesidad de entrar en la capilla, y el otro punto es desde el recinto que estudiamos, tras el retablo hay una puerta que conduce a ella. En el interior no hay más que un sencillo lavabo y una mesa, en cuyos cajones se encuentran algunos hábitos de sacerdote.
Para acceder a la propia capilla se puede hacer desde una sencilla puerta lateral, situada en el mismo pasillo que la de entrada a la sacristía, y desde una hermosa puerta doble, todas con bonitas tallas de cruces griegas.
En el muro Norte se encuentran todas las ventanas, rectangulares y de grandes dimensiones, algunos radiadores y el elemento más curioso de la capilla: un confesionario desplegable. Se compone de cuatro piezas todas ellas fijadas a la pared y que se van abriendo y montando hasta que el confesionario esté listo. Estas piezas son dos hojas de madera que constituyen las piezas laterales, donde se encuentran las rejillas a través de las cuales la persona se confiesa. Tenemos otra pieza que es el asiento, que al montarlo se sujeta con un trozo de madera a la pared. Por último nos queda un simple listón de madera, del mismo largo que el ancho de las hojas laterales, y que tiene la función de apoyabrazos. La hoja que, al estar cerrado, se ve, tiene también tallas de cruces griegas.
Llegando a la zona de la cabecera nos encontramos con un altillo, donde se encuentra el retablo. Ese altillo es de mármol negro con betas en blanco. Dentro del altillo y en la esquina Norte vemos una pequeña losa de granito sobre la cual se halla una figura de sencilla factura, representando a la Virgen María. Se encuentra sobre una peana semiesférica de color marrón claro. La figura es de tonos muy claros, casi sin apreciarse la diferencia entre el hábito y la cara. El manto es de tono azul oscuro, contrastando mucho con el resto de la imagen. También tiene una corona con estrellas.
El retablo se compone de siete estrechas planchas de madera colocadas en vertical desde el techo y hasta el suelo, siendo la plancha central la que más atrás está. En él no hay más elementos que un sencillo crucificado de color oro, que se encuentra agonizante, con la cabeza caída ligeramente hacia el lado derecho, el mismo lado al que lleva atado el paño de pureza.
El altar es de granito, colocado sobre una plancha del mismo material que sobresale un poco por encima de la de mármol negro. Encima del altar se encuentra una bonita caja decorada con los panes y los peces, así como un atril de color oro. La pared sobre la que se encuentra la puerta a la sacristía y el retablo es de losas de piedra, de color marrón claro tirando a rojizo.
En el muro Sur se encuentran dos paneles en la parte superior con decoración religiosa. La capilla cuenta con varios candelabros altos y en las paredes, además de un moderno sistema de altavoces. El techo se compone de cuadrados en dos tonos diferentes: marrón oscuro y claro, alternándolos como si de un tablero de ajedrez se tratase.
La Nueva España
Jueves, 20 de mayo de 2010

domingo, 9 de mayo de 2010

Ermita de San Lorenzo de Cortina: estudio artístico

En lo alto del Llaranes presiderúrgico se alza, a la izquierda de la calzada, la pequeña ermita de San Lorenzo de Cortina. De su original estilo prerrománico sólo conserva una ventana geminada que se sitúa en la actualidad sobre la puerta de entrada al templo y dos sencillos arcos de descarga. La primera podría fecharse en torno a los siglos IX y XI, estando tallada en un bloque monolítico de caliza, con decoración sogueada y moldura de resalte. Tiene dos vanos de arcos de herradura, tan sumamente cerrados que llegan a formar una circunferencia completa. El modelo se repite en varias zonas de la comarca como San Martín de Laspra y San Cipriano de Pillarno. Los arcos de descarga se abren encima de la puerta principal de la ermita y sobre la ventana de la fachada Sur.
El templo ha sufrido numerosas y deficientes reformas que han ido cambiando el aspecto del mismo, desconociendo el original prerrománico. Sí sabemos la apariencia que tendría en el siglo XII, con un cementerio adosado al muro Sur y, probablemente, parte del testero. Testigo de ello son los ocho esqueletos que se encontraron en las excavaciones arqueológicas de 2002 y 2003 y los dos cipreses que fueron talados no hace muchos años. La ermita estaría encalada y sin espadaña.
En el siglo XVIII siguen existiendo los cipreses pero en el lugar que hace unos siglos ocupaba la necrópolis se encuentra una sacristía de la que también se encontraron restos en las excavaciones. El templo seguiría encalado y sin espadaña.
Hasta la Guerra Civil la ermita poseía un atrio construido en el siglo XIX, época en la cual, probablemente, se reforma la sacristía, reduciéndola de tamaño en cuanto a planta y altura se refiere. Sigue careciendo de espadaña y está encalada.
Llega Ensidesa y se produce en el templo una restauración integral en la cual se desencala, se derruye la sacristía y se añade una espadaña de un solo vano construida en ladrillo que alberga una campana realizada en Trubia, sobre la que se sitúa una cruz. En esta época se cargan de cemento las fachadas Norte y Este, siendo una fatal obra, pero gracias a la cual conservamos la ermita. En el interior también se realizan obras en las cuales se cubren el testero y algo menos de la mitad del resto de paredes con losas de pizarras, se añade un nuevo coro y se cubre con chapas la cubierta interior original. Antiguamente tenía una pila bautismal, que sería retirada a las naves de la Divina Pastora y, ahora, probablemente, se halle en algún templo de la comarca o de la región o simplemente haya sido destruida. Sin embargo se conserva en el templo actual la original pila de agua bendita, tallada en un bloque monolítico de piedra caliza y de poca capacidad.
Recuerdo también de su antigua función parroquial es el altar-retablo, de estilo gótico florido con vides y espigas (símbolos de la eucaristía). Del original solo se conserva el sagrario, que fue guardado por algún vecino de la zona durante la Guerra Civil, etapa durante la cual se incendió parte de la ermita, entre ello, el retablo original. La mesa-altar tiene tres tallas, la del medio es el Cordero de Dios y a sus lados sendos escudos en blanco. La hornacina principal la preside la Inmaculada, una imagen de pasta de madera, realizada a finales de los años 40 o principios de los 50 en Talleres Olot (Gerona). Es una imagen de gran calidad y en la peana se representa una serpiente con la boca abierta y a la que la Inmaculada pisa (símbolo del pecado). La mesa y el retablo serían separadas en los tiempos en que D. José Antonio y D. Marcelino ejercieron en la parroquia como párroco y coadjutor respectivamente.
El retablo posee dos peanas laterales. En la derecha se encuentra una figura de San José con el Niño, de la misma época y talleres que la Inmaculada. Se conoce la autoría de estas dos imágenes gracias a unos sellos que hay en sus partes traseras que pone: “Arte Cristiano/Olot” y que fueron descubiertos por José Ángel del Río Gondell, Rubén Domínguez Rodríguez y José Carlos Valdés Álvarez, todos ellos vecinos y estudiosos de la historia del poblado. En la peana izquierda de halla una talla moderna de San Lorenzo, de autoría desconocida y que probablemente ha sido introducido en la capilla coincidiendo con la restauración integral de los 60. Pese a ser una figura moderna es de indudable calidad, prestando su autor mucha atención en los pequeños detalles y en el resultado final. Un claro ejemplo de calidad es el uso de pan de oro en ciertas partes de la obra. La imagen sale en procesión junto con la Inmaculada y San José con el Niño el domingo más próximo al 10 de agosto.
En agosto de 2005 fueron entronizadas en la capilla dos antiguas tallas que fueron encontradas por José Ángel del Río Gondell tras el retablo de la capilla. Son dos figuras del siglo XIX que se corresponden con el primitivo San Lorenzo y un San Antonio. Para ser puestos en un lugar preferente se encarga al artesano local Álvaro Caso la elaboración de unas réplicas de las peanas originales del retablo para ser colocadas a ambos lados del mismo.
La figura primitiva de San Lorenzo está realizada en madera de frutal y policromada en algún taller popular de la zona. Se trata de escultura que tiene un importante valor histórico y sentimental, pero no artístico pues es inexpresiva y poco detallista en ropajes y anatomías. Aparece en una posición frontal y simétrica de gran rigidez sobre una peana de ocho centímetros de altura que, debido a su estado, tuvo que ser restaurada en 2005 junto con la imagen por Natalia Paíno, quedando un excepcional resultado. La otra imagen que apareció junto con el antiguo San Lorenzo, una representación de San Antonio, es de mucha mejor calidad y material (nogal). También sería realizada en un taller popular de la zona y es estática, a pesar de un intento de movimiento con la pierna izquierda . Viste un hábito franciscano con pliegues geometrizados que presentaba, antes de la restauración efectuada en 2005 por Mónica Ruiz, varios repintes negros y verdes y que, tras retirarlos, apareció el marrón original con cuadraditos realizados en pan de oro. Sobre la mano izquierda, de tamaño muy exagerado, hay un libro y sobre el mismo debería haber un niño que en esta representación no se conserva. Tanto la figura antes citada del viejo San Lorenzo y ésta de San Antonio fueron encontrados junto con otros escasos restos podridos de otra figura cuya advocación desconocemos.
Otras imágenes que hay en la capilla son, por ejemplo, una representación de San Antonio, de después de la Guerra Civil y de Talleres Olot, una de Santa Bárbara restaurada recientemente, una de la Virgen de Guatemala donada por la feligresa Covadonga Vega tras su viaje a México, lugar con el que Llaranes siempre tuvo buena relación y se celebra todos los 12 de diciembre una misa en honor a ella en la capilla, situándola en un lugar preferente. Otra imagen de interés es la del Niño Jesús, de tradición en todas las iglesias católicas y que fue realizado en Talleres Olot a finales del siglo pasado o principios de este.
En 2006 se realizan unas obras de cuidado en paredes y techos y, casualmente, la persona que realiza las obras encuentra unas pinturas murales bajo la pintura blanca. Se hacen varias prospecciones y aparece pintura geométrica en todas ellas con franja perimetral en ocre. El contenido del retablo no se sabe debido a la pizarra añadida en los años 60. Sin duda alguna sería buenísimo recuperar dichas pinturas y restaurar integralmente la ermita.

Fotos: Benjamín Lebrato
EL BOLLO 2010

El Martinete: La otra capilla de Llaranes


Capilla del Martinete, a la derecha
Foto: Cortesía de Amador Álvarez y María José Lodos

Al nombrar «la capilla de Llaranes» a la gente se le viene a la cabeza la de San Lorenzo (los que saben de su existencia). Pero no fue la única: desde finales de los años treinta del siglo XVIII y hasta principios de los años setenta del siglo XX se situó otra cuya advocación desconozco. Estaba situada en el actual patio del Colegio Público Apolinar García Hevia, en La Toba (Llaranes) y era un templo público.
Se construyó, probablemente, a la vez que la casona que a su lado estaba adosada y, a su vez, al mismo tiempo que se fundó la popular Fábrica del Martinete que existía en una parcela pegada al actual patio del colegio anteriormente citado, y de la que todavía se conserva el edificio en muy malas condiciones, inmueble que convendría rehabilitar.
El que mandara construir la capilla fue, aunque no se sabe con certeza, el mismo que fundó la cobrería (la Fábrica del Martinete) en el año 1735: don Diego Benítez Gutiérrez, a quien le pertenecerían en primer lugar la capilla y la casona anexa, que sirvió como su residencia y que, posteriormente, pasarían por manos del resto de dueños de la fábrica, desde don Diego hasta la familia Valdés, los que serían sus últimos propietarios.
Para describir físicamente el exterior de la capilla nos basamos en la única fotografía existente que conservamos del conjunto:
La fachada principal estaba orientada al Sur y su portada principal está perfectamente alineada con la fachada de la casona. El frontis (única parte que se ve en la fotografía) estaba pintado de color blanco, excepto un ancho zócalo en la parte inferior y la espadaña, que estaban pintados de otro color.
La puerta principal es dintelada, con una pequeña raya que bordea la puerta, del mismo color que la espadaña. Un poco más hacia arriba está un óculo. Al lado del mismo y coincidiendo con la esquina superior izquierda del templo, se encuentra un escudo de armas, que aparece timbrado por un yelmo y unas armas heráldicas dudosas, por lo que el escudo pudo haberse realizado con fines únicamente decorativos para dar realce al conjunto. Actualmente, y siendo lo único que se conserva de todo el recinto, se encuentra sobre la fuente que está pegada al palacio consistorial, por la fachada que da a la calle de la Fruta.
Siguiendo el análisis de la fachada de la capilla, y por encima del mencionado escudo, se encuentra una línea de imposta, y sobre ella, la espadaña, de un solo vano con arco de medio punto y con una pequeña campana. Sobre el vano hay una estrecha línea, que sirve para reducir de tamaño la terminación de la espadaña y, a su vez, permite dejar dos pequeñas repisas a cada lado de la parte superior del campanario de donde surgen sendas piezas de estructura piramidal y, sobre éstas, un remate esférico. Este conjunto de pirámide más bola se puede apreciar no muy lejos, en la plaza Mayor de Llaranes, a ambos lados del reloj. Sobre la espadaña parece que hay una cruz de metal.
Del interior no conservamos fotografía, pero sí que podemos describirla gracias a un artículo publicado en el número 100 de la archiconocida y centenaria revista de «El Bollo». El interior sería de una sola nave y dos tramos: nave y ábside. Habría un retablo de madera que sería pasto de las llamas durante la Guerra Civil española de 1936. También hay constancia de un cáliz de plata que fue robado en 1919, el que estaba entre diversos objetos de menor valor. La primera planta constaría sólo de tribuna, a la que se podía acceder desde la casona (según J. R. Cueva) y que coincidiría interiormente con el óculo de la fachada principal.
El final de la capilla llegó en los años setenta del pasado siglo XX. El magnífico conjunto fue expropiado y demolido para la construcción del patio de recreo del colegio citado al principio del presente artículo.
LA NUEVA ESPAÑA
Martes, 09-02-2010

El patrimonio artístico en San Lorenzo de Cortina

El fantástico templo de San Lorenzo de Cortina se alza en una de las partes más altas de Llaranes Viejo, en el concejo de Avilés.
Como dato histórico curioso citar que en el año 1732, los llaranenses reciben un apercibimiento en el que se informa a los mismos de que queda prohibido decir misa en la iglesia por encontrarse esta en ruina, y que si en el plazo de 8 meses no se repara, se mandará demoler. El aviso debió surgir efecto pues en el año 1773 se le concede la condición de iglesia de asilo, para lo que debe estar en buenas condiciones.
La estructura actual de la ermita es del siglo XVII, aunque sea de origen prerrománico, del que conserva una ventana geminada de dos vanos de herradura en su portada principal, datada entre los siglos IX y XI y cuyo modelo se repite en varias zonas de la región (San Martín de Laspra, San Cipriano de Pillarno, etc). La espadaña y campana son obra de los años 50, siendo esta última realizada en hierro fundido en Trubia.
En el interior lo que más llama la atención es su hermoso retablo de estilo gótico florido con tetrapétalas y vides, símbolo de la eucaristía. El actual es réplica del original que se llevó la Guerra Civil española en 1936, del que sólo se conserva el sagrario, que fue guardado en la vivienda de algún vecino mientras duró la contienda.
Preside su hornacina la imagen de la Virgen Milagrosa, realizada probablemente en pasta de madera por Talleres Olot (según reza un sello en su parte posterior) a mediados del siglo XX. Representa a la Virgen pisando a la serpiente, símbolo del pecado.
Ocupando la peana derecha del retablo y de la misma fábrica catalana es la imagen de San José con el Niño, imagen de tradición en la mayoría de las iglesias. Al tener el mismo sello que la imagen anterior, suponemos que es de la misma época.
En la peana izquierda se encuentra la imagen moderna de San Lorenzo, realizada a finales de los 50 o principios de los 60. Aunque de reciente factura es una obra de excelente calidad, rematada en pan de oro y con la palma y parrilla, símbolos del martirio del titular.
Cuando en 2005 se rescatan de detrás del presbiterio y se restauran las imágenes de San Lorenzo (la imagen antigua) y un San Antonio se hace necesario la realización de dos nuevas peanas para entronizar las figuras. Se hace el encargo al carpintero local Jesús Alfredo Suárez Díaz y sigue el modelo de las peanas originales del retablo.
La imagen antigua de San Lorenzo es una obra de madera de frutal policromada del siglo XIX rescatada por José Ángel del Río, quien la descubrió, y por Natalia Paíno, quien la restauró.
El San Antonio es de un taller popular, también del siglo XIX aunque de mejor calidad que el anterior, también la encontró José Ángel y fue restaurada por Mónica Ruiz.
También de Talleres Olot es una pequeña imagen de San Antonio, de finales de los 30 o principios de los 40.
La pared Sur de la ermita está presidida por la imagen de la Virgen de Guadalupe, donada por la feligresa Covadonga Vega.
Probablemente, el objeto de mayor valor de la ermita sea el estandarte procesional, una obra del siglo XIX realizada en seda natural. La estampa que lleva es igual que el San Lorenzo del siglo XIX. Está decorado con motivos florales. Necesita una restauración urgente.
En 2006 se realizaron unas obras de pintado de las paredes y techo de la ermita y, casualmente, la persona encargada de las obras encuentra unas pinturas, que tras diversas prospecciones se afirma que son figuras geométricas (imitando el sillarejo con los bordes en ocre) y que están por toda la capilla. Lo más probable es que en la zona de la cabecera haya un retablo pintado como era de costumbre en aquella época, pero la pizarra que cubre el testero y la mitad inferior del resto de paredes, por ahora, no dejan aprobar esta teoría.
A finales de los años 50 o principios de los 60 se realiza una mala restauración integral, que aunque “chapuza”, gracias a ella conservamos la ermita. En ella se puso una carga de cemento en las paredes Norte y Este, destruyendo cualquier rastro de ventana similar a la de la fachada principal en el testero. También se añade la pizarra anteriormente citada, así como la espadaña y la campana.



Exterior de la ermita
Foto: Rubén Domínguez
LA NUEVA ESPAÑA
Martes, 15-12-2009

Antiguo acceso a Llaranes


Casona de Gonzalo Heres
Foto: Archivo de José Carlos Valdés
Antes de la construcción de la autopista “Y” se salía del barrio obrero de Llaranes por la calle Gijón, en “Capataces”.
Este acceso en sus primeros tiempos eran puestos de cartón, tablas y cuatro puntas.
Este espacio era un conjunto de tiendas, bares y kioscos antes de la contrucción de las viviendas de ENSIDESA.
En primer lugar estaba el bar de “La Cordobesa”, en segundo el bar “El Bodegón” y en tercer lugar el bar “La Orensana” .
Aparte estaba el kiosco popularmente conocido como el de la “granada”, ya que el remate de su tejado era una granada de cerámica, al quitar la salida por esa calle, no vendía nada, pues con cimientos y todo lo sacaron y lo pusieron a lado del restaurante “La Casina”, en el cruce, hoy día no se conserva la famosa granada. Otro kiosco que se encontraba en la calle Gijón era el de “La Cordobesa”, que al cambiar la calle de salida le pasaría lo mismo que al otro, y fue trasladado a la actual salida de Llaranes. Posteriormente se construiría la tienda de Mª Jesús, en ella se vendían ultramarinos y en la planta alta era vivienda.
Al otro lado de la calle se enconraba la primera escuela de ENSIDESA, se emplazaba en una vieja casona solariega, (propiedad del indiano Gonzalo Heres “El Diamante”,según datos de José Ángel del Río Gondell) que antiguamente debio de ser algún palacio, esto se sabe, gracias a una foto en la que sale y se le ve con un escudo de armas (no se sabe el linaje). En la planta baja estaban tres aulas, un hall y la vivienda de un guarda de la empresa, según recuerdos de José Carlos Valdés, subian por una escalera muy ancha y solo había un aula donde estaban los pupitres con tinteros a los lados con un pasillo central y al fondo la mesa del profesor D. Julio, como patio usaban una prado que rodeaba la casona. A la escuela se accedía por un pasadizo bajo un hórreo, en el que hubo un bar y posteriormente un taller de bicicletas, al lado se encontraba también un bar llamado “La Cordobesa”.
A mediados de los sesenta la empresa tira todo y conincidiendo con la visita del general Franco hacen un muro de ladrillo para tapar los escombros.
En la explosión del `71 una chapa cayó un poco más delante de donde hoy está el restaurante “La Casina” (antiguamente era una sastrería), en una panadería, mató a una mujer que se dirijía a comprar el pan, del impulso de la chapa, rebotó y no mató de milagro al cortador del sastre que se llama Severino.
Desde este escrito quiero dar las gracias a José Carlos Valdés por ayudarme en mi primer artículo y a José Ángel del Río por publicarlo en esta maravillosa revista.

Quiosco de "La Cordobesa" y "La Granada" en sus actuales emplazamientos
Fotos: Rubén Domínguez Rodríguez
LA OPINIÓN DE LLARANES