domingo, 9 de mayo de 2010

El Martinete: La otra capilla de Llaranes


Capilla del Martinete, a la derecha
Foto: Cortesía de Amador Álvarez y María José Lodos

Al nombrar «la capilla de Llaranes» a la gente se le viene a la cabeza la de San Lorenzo (los que saben de su existencia). Pero no fue la única: desde finales de los años treinta del siglo XVIII y hasta principios de los años setenta del siglo XX se situó otra cuya advocación desconozco. Estaba situada en el actual patio del Colegio Público Apolinar García Hevia, en La Toba (Llaranes) y era un templo público.
Se construyó, probablemente, a la vez que la casona que a su lado estaba adosada y, a su vez, al mismo tiempo que se fundó la popular Fábrica del Martinete que existía en una parcela pegada al actual patio del colegio anteriormente citado, y de la que todavía se conserva el edificio en muy malas condiciones, inmueble que convendría rehabilitar.
El que mandara construir la capilla fue, aunque no se sabe con certeza, el mismo que fundó la cobrería (la Fábrica del Martinete) en el año 1735: don Diego Benítez Gutiérrez, a quien le pertenecerían en primer lugar la capilla y la casona anexa, que sirvió como su residencia y que, posteriormente, pasarían por manos del resto de dueños de la fábrica, desde don Diego hasta la familia Valdés, los que serían sus últimos propietarios.
Para describir físicamente el exterior de la capilla nos basamos en la única fotografía existente que conservamos del conjunto:
La fachada principal estaba orientada al Sur y su portada principal está perfectamente alineada con la fachada de la casona. El frontis (única parte que se ve en la fotografía) estaba pintado de color blanco, excepto un ancho zócalo en la parte inferior y la espadaña, que estaban pintados de otro color.
La puerta principal es dintelada, con una pequeña raya que bordea la puerta, del mismo color que la espadaña. Un poco más hacia arriba está un óculo. Al lado del mismo y coincidiendo con la esquina superior izquierda del templo, se encuentra un escudo de armas, que aparece timbrado por un yelmo y unas armas heráldicas dudosas, por lo que el escudo pudo haberse realizado con fines únicamente decorativos para dar realce al conjunto. Actualmente, y siendo lo único que se conserva de todo el recinto, se encuentra sobre la fuente que está pegada al palacio consistorial, por la fachada que da a la calle de la Fruta.
Siguiendo el análisis de la fachada de la capilla, y por encima del mencionado escudo, se encuentra una línea de imposta, y sobre ella, la espadaña, de un solo vano con arco de medio punto y con una pequeña campana. Sobre el vano hay una estrecha línea, que sirve para reducir de tamaño la terminación de la espadaña y, a su vez, permite dejar dos pequeñas repisas a cada lado de la parte superior del campanario de donde surgen sendas piezas de estructura piramidal y, sobre éstas, un remate esférico. Este conjunto de pirámide más bola se puede apreciar no muy lejos, en la plaza Mayor de Llaranes, a ambos lados del reloj. Sobre la espadaña parece que hay una cruz de metal.
Del interior no conservamos fotografía, pero sí que podemos describirla gracias a un artículo publicado en el número 100 de la archiconocida y centenaria revista de «El Bollo». El interior sería de una sola nave y dos tramos: nave y ábside. Habría un retablo de madera que sería pasto de las llamas durante la Guerra Civil española de 1936. También hay constancia de un cáliz de plata que fue robado en 1919, el que estaba entre diversos objetos de menor valor. La primera planta constaría sólo de tribuna, a la que se podía acceder desde la casona (según J. R. Cueva) y que coincidiría interiormente con el óculo de la fachada principal.
El final de la capilla llegó en los años setenta del pasado siglo XX. El magnífico conjunto fue expropiado y demolido para la construcción del patio de recreo del colegio citado al principio del presente artículo.
LA NUEVA ESPAÑA
Martes, 09-02-2010

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