lunes, 9 de agosto de 2010

Buscando huellas del pasado

Como bien es sabido, este verano se han realizado excavaciones arqueológicas en la Capilla de Las Alas, donde se han encontrado algunos restos humanos, una estructura probablemente defensiva anterior a la edificación actual y los originales peldaños de acceso al edificio. También se hicieron catas arqueológicas en el terreno que un día ocupó la capilla de los Llano-Ponte, junto al viejo templo de Sabugo y en la iglesia de San Jorge de Sargos, antigua sede parroquial de la Peral, en Illas, uniéndose a éstas la fantástica labor que se está haciendo intentando recuperar el mítico Castillo de Gauzón, en Castrillón. Sin duda alguna, un verano magnífico para la historia y para el patrimonio de la Comarca que se completará con las excavaciones que comenzarán este mes de agosto en la Capilla de San Lorenzo de Cortina, en el poblado avilesino de Llaranes Viejo y de de las que hablaré a continuación. En mi opinión, el destinar parte del dinero público para este tipo de actividades, como excavaciones y restauraciones, es una buenísima inversión, ya que conservar nuestro patrimonio y estudiarlo es saber la historia de nuestros orígenes y entender cómo vivimos en la actualidad, ya que como bien decía el filósofo danés Soren Kierkegaard, “La vida se vive hacia adelante, pero se entiende hacia atrás”.
La Capilla de San Lorenzo de Cortina anteriormente citada, protagonista de mi artículo, fue objeto en el año 2003 de unas catas arqueológicas en su lado Sur (siempre se supuso que ahí se ubicaría el cementerio), donde se encontraron ocho enterramientos (dos en laja y seis en fosa), restos de cerámica negra de Miranda y de Faro (de entre los siglos XII y XIX), diverso material numismático, el suelo de la sacristía, la zapata de cimentación de un edificio anterior y la zapata de cimentación de la obra actual, entre otros materiales de menor relevancia. Antes de la realización de estas zanjas el pasado del templo se basaba en hipótesis y pocas cosas había claras. Gracias a las excavaciones hemos podido verificar muchas cosas que antes eran dudosas o en las que ni siquiera te habías parado a pensar.
Ante la importancia de los hallazgos de las excavaciones, unidos a los encontrados anteriormente (monedas romanas, tres hachas neolíticos en la Rocica y uno del paleolítico llamado de Trelles y conservado en el Museo Arqueológico Nacional), se decide volver a realizar catas arqueológicas en la Capilla con el fin de obtener aún más datos que permitan averiguar más apuntes sobre el origen del recinto sagrado, del cual sabemos que, por lo menos, es prerrománico gracias a la pequeña pero hermosa ventana bífora realizada en caliza, que se encuentra en la fachada principal, sobre la puerta de entrada y que está datada en el siglo X.
Se realizarán tres sondeos. El primero de ellos será hacia la mitad del templo, en el interior, con el fin de encontrar el pavimento original, que como bien apuntó el arquitecto Jorge Hevia el día de la presentación, sería, probablemente, de piedra.
El segundo sondeo sería también en el interior del recinto, más concretamente en la zona que une la cabecera con el resto de la nave. El objetivo principal de esta cata es el descubrimiento del peldaño monolítico que habríamos de subir para llegar al altar.
La tercera y última zanja se realizaría en la zona de la cabecera pero por el exterior, donde también se cree que estuvo el cementerio y donde, unos metros más para atrás, estuvieron hasta hace poco años plantados los dos cipreses que podrían haber pertenecido al camposanto.
Otro objetivo de las excavaciones, aparte del conocimiento de la historia del templo sería averiguar cómo pudo ser su aspecto original y así, proceder a la rehabilitación integral de la capilla, la cual fue iniciada hace cinco años con la restauración de las imágenes de San Antonio y San Lorenzo por las entonces alumnas de la Escuela Superior de Arte del Principado de Asturias, Mónica Ruiz y Natalia Paíno, respectivamente. El coste de las obras, que superaría los 90.000 euros, incluiría el descubrimiento de las pinturas, su restauración y el picado de la carga exterior de cemento de los muros Norte y Este, entre otras actuaciones, todas ellas necesarias para devolver a nuestra querida capilla el esplendor que tuvo unos siglos atrás.
La Nueva España
Martes, 10-08-2010