martes, 28 de septiembre de 2010

En peligro de extinción

Año 1955. La Empresa Nacional Siderúrgica S.A., con su factoría en Avilés, comienza a construir en la parte trasera de la Plaza Mayor de Llaranes un edificio destinado a colegio femenino, un robusto edificio construido en hormigón armado y diseñado por los mismo arquitectos que firmaron el proyecto completo del poblado obrero: Francisco Goicoechea Agustí y por Juan Manuel Cárdenas Rodríguez. Cada clase fue decorada por dos grandes murales de alrededor de 6,5 metros cuadrados cada uno. En total, dieciséis murales realizados por conocidos pintores de la época ayudan a realzar, más aún si cabe, la belleza del edificio.
Uno de los pintores es Javier Clavo, quien dos años más tarde trabajaría en la Iglesia Parroquial de Santa Bárbara, en los hermosos mosaicos, vidrieras y frescos que conservamos en la actualidad. Precisamente frescos es lo que también hizo en el colegio María Milagrosa, una técnica que consiste en aplicar los pigmentos cuando la capa de cal está todavía húmeda, lo que dificulta la realización de los trabajos, pero que garantiza una mayor vida de la obra. A Clavo le encargan la realización de ocho murales, es decir, la mitad de los totales. Todos están ubicados en las aulas que se encuentran en el frente del edificio. Las obras que hizo, en orden de Norte a Sur, son: «Los animales», «Los peces», «Historia», «Geometría», «Física», «Religión», «Gramática» y «Música». En todos ellos, Javier Clavo muestra su habilidad para adaptarse al espacio, en este caso, un triángulo rectángulo, con el ángulo más agudo cortado. Se puede apreciar sobre todo en el de «Los animales», en el cual utiliza una jirafa en la parte más ancha y un cocodrilo en la más estrecha.
Sin embargo, aunque sean frescos, requieren un mantenimiento. Los murales de Clavo son los mejor conservados gracias a la técnica usada. Pese a eso, en ellos se puede apreciar polvo y alguna pequeña grieta, aunque todo esto no es comparable a lo sucedido con el mural de «La Música». La última vez que entré en el colegio, esta misma semana, me lo encontré tapado con una lona blanca, en una zona un poco desgarrada, por donde pude apreciar el ladrillo de la pared. Al parecer, la fachada donde este mural está enclavada padece humedades y esto pudo provocar que casi la mitad del mural se cayera. Por lo visto, los trozos del mural fueron recogidos por la Escuela de Arte para su posterior restauración, aunque ésta parece que va a ser muy lejana, ya que todo depende del dinero. Aunque algunos no lo crean (o por lo menos parece que no les importa) en los barrios también existe patrimonio de gran calidad, que debe ser restaurado y conservado. Nada hacemos si restauramos cosas y luego no tienen mantenimiento.
La sensación que tuve al ver el estado de ese mural especialmente, o lo que queda de él, fue de muchísima pena, ya que desde hace años llevo observando el pésimo estado en el que se encuentran las pinturas. Desgraciadamente, ya se ha caído uno de ellos, y me temo que esto pueda pasar con los demás.
El resto de obras, fueron realizadas por los pintores Juan Ignacio Cárdenas y por Luis Echánove Mugártegui, primo carnal del arquitecto del edificio. Los murales del primero tratan de temas variados, siendo, de norte a sur de: «Aves», «Paisaje invernal» (su mejor obra en el colegio), «Caballos» y «Paisaje campestre». Las obras de este pintor, realizadas en lona adherida sobre el muro, se encuentran con abundantes dobleces y arrugas, así como con una capa de suciedad superficial.
Las obras de Luis Echánove, quien también dejaría su huella en el Economato del poblado con dos pinturas al fresco, tratan de los continentes. Así pues realizó cuatro pinturas murales, no al fresco, con los títulos de «América», «África», «Europa» y «Asia». Al estar pintadas directamente sobre el muro, la pintura se perdió en numerosas partes de las obras, por lo que podemos decir que se trata de las pinturas peor conservadas del edificio, detrás, claro está del estado de en el que se encuentra el mural perdido de Javier Clavo. Por todo esto, pido a los responsables que hagan lo posible para recuperar el mural que perdimos de Javier Clavo, y que restauren el resto de obras, para evitar que pase lo mismo, ya que, independientemente de sus autores, todos tienen un gran valor artístico e histórico y merecen ser recuperados para las generaciones venideras.
La Nueva España
Martes, 28 de septiembre de 2010