sábado, 12 de febrero de 2011

El arte de morir

Afortunadamente cada vez se le da más importancia al patrimonio funerario. Aunque resulte chocante para algunas personas, los cementerios (algunos) son Arte. Un Arte que debe de ser puesto en valor y cuidado como se merece.
La cultura de la muerte es muy curiosa. En Chatal Huyuk (Turquía), allá por el Neolítico los cadáveres se situaban en las torres del silencio, donde los buitres y el paso del tiempo se ocupaban de dejar solo los huesos, que después se introducirían en la vivienda, a modo de recuerdo hacia el fallecido.
En el Alfoz de Gauzón se encuentra el Monte Areo (Carreño), donde se han localizado y catalogado alrededor de 30 túmulos que ocultan los dólmenes, unas obras megalíticas que los hombres de la Prehistoria utilizaban para enterrar a sus seres queridos. De esa gran cantidad de tumbas solo se han excavado 3, aunque esto no le quita el título de la mayor necrópolis dolménica del norte peninsular.
Como camposantos previos a la normativa de Carlos III, que obligaba a que los cementerios se construyesen alejados de la población, tenemos constancia en Avilés de varios, que este verano se han sometido a excavaciones arqueológicas. En Llaranes, junto a la capilla de San Lorenzo (primitiva iglesia parroquial) tanto en las excavaciones de 2003 como en las de este verano han aparecido restos medievales. En Sabugo se han excavado los restos de la capilla funeraria de los Llano-Ponte, donde se conserva al aire libre la lápida de la última persona enterrada ahí, Manuela Rodríguez. También se excavó este año frente a la capilla de Las Alas, construida sobre el viejo cementerio de Avilés, donde se han encontrado algunos restos humanos.
Aunque no se excavaron, en Avilés también existieron otros lugares de enterramiento, como en el monasterio de San Francisco del Monte, hoy iglesia de San Nicolás, donde recibían sepultura los frailes. También en el cementerio del monasterio de las Huelgas, regido por las monjas bernardas y que se ubicaba en la calle de San Bernardo.
Aparte de todos estos camposantos, también hay tumbas en el interior de edificios religiosos, como la de Pedro Menéndez y Pedro Solís en la iglesia de los Padres Franciscanos, o los sepulcros de Juan Alonso de Oviedo, Aldonza González, Ludovico Alfonso y Martín Alas en la de San Nicolás de Bari, o en las iglesias rurales, como la de San Lorenzo en Llaranes, donde también apareció un nivel de enterramientos correspondiente al interior del templo.
Ya tras la normativa de Carlos III, el Ayuntamiento compra, en 1813, un prado anexo al convento de la Merced, para construir un nuevo cementerio, situado hoy, en el lugar que ocupa el Colegio Público de Sabugo.
Parece que este cementerio se completó enseguida, por lo que se decide construir uno, más alejado aún de la población, en la zona de La Carriona (la cual distaba a unos 2 kilómetros de la villa de Avilés), cuyo primer proyecto corre a cargo del arquitecto Pedro Cobreros, presentado ante el Ayuntamiento en el año 1879.
En 1884, el Consistorio y el Cabildo aprueban la construcción del nuevo Cementerio, corriendo el proyecto definitivo a cargo de Ricardo Marcos Bausá, y teniéndose que arreglar la carretera de La Magdalena a Grado, por la que circularán los carros fúnebres.
El plano ortogonal está presidido, en la parte central, por la capilla neorrománica, parte donde se encuentran las tumbas de la gente más pudiente. Finalmente, el cementerio fue bendecido el 28 de agosto de 1890, aunque las obras durarían hasta 1892.
Como mausoleos a destacar, podemos citar el de los marqueses de San Juan de Nieva (familia Maqua), con un magnífico ángel anunciador, obra de Cipriano Folgueras, o el del conocidísimo novelista Armando Palacio Valdés, obra de Jacinto Higueras, el cual tiene presente en su parte delantera una estrofa de “La aldea perdida”, obra del escritor, y presidiendo la tumba la figura de Demetria, la protagonista.
Son de destacar también una cruz de grandes dimensiones, dedicada a los caídos en la guerra civil por el bando franquista, y una columna, en recuerdo a los caídos en la contienda por el bando republicano.
La Carriona ha entrado, no hace mucho, en la ASCE (Association of Significant Cemeteries in Europe), y también en un proyecto para recuperar el camposanto, tanto las tumbas y panteones como el gran patrimonio documental que se conserva, tarea dirigida por la experta Carmen Bermejo, la cual organizó también un fantástico encuentro internacional sobre patrimonio funerario.
Fantásticas obras, algunas en mal estado, otras parece que se van recuperando, pero todas ellas de una calidad excepcional, complementadas por el centro de interpretación que se está construyendo en la casa del cura, y que seguro, ayudará a entender mejor el patrimonio funerario, el arte de morir.
La Nueva España
Sábado, 12 de febrero de 2011

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