martes, 6 de agosto de 2013

Recorrido histórico por los cementerios de Avilés

Ángel anunciador del panteón de la familia
 Maqua en La Carriona, obra de Cipriano Folgueras
 Aprovechando que el patrimonio funerario, más concretamente el cementerio de La Carriona, está teniendo un fuerte tirón turístico en los últimos años, vamos a hacer un repaso de los espacios o recintos funerarios existentes en el concejo, principalmente, con anterioridad a la construcción del municipal de La Carriona entre 1887 y 1892.
   La cultura de la muerte ha sido muy influyente en todas las sociedades, desde la Prehistoria, de la cual conservamos en el vecino concejo de Carreño alrededor de treinta túmulos funerarios que ocultan en su interior los dólmenes, que son estructuras megalíticas del período Neolítico compuestas por varias piedras hincadas en la tierra en posición vertical y cubiertas con otras, la cobertera, en posición horizontal. Estos dólmenes desempeñaban una labor funeraria, bien individual o bien colectiva. Pese a que solo están excavados tres túmulos, la necrópolis dolménica de Monte Areo está considerada una de las mayores del norte peninsular.
   Como curiosidad dentro de este mismo período, en Çatal Hüyük (Turquía), se conserva uno de los asentamientos mejor conservados del Neolítico en Oriente próximo. Allí, ante el fallecimiento de algún poblador, los cadáveres se colocaban en lo alto de las “torres del silencio”, donde los buitres y el paso del tiempo hacían que quedasen solo los huesos, que posteriormente serían guardados en la vivienda familiar a modo de recuerdo hacia el fallecido.
   Con la llegada del cristianismo, y volviendo a nuestra ciudad de Avilés, se construyen cercamientos de terreno destinados a enterrar cadáveres, ante la creencia de inmortalidad. Los llamados cementerios se pueden dividir en dos grandes bloques. El primero, los camposantos anteriores a la normativa de Carlos III, que obligaba a que los cementerios se construyesen alejados de la población, y el segundo, posteriores a esta ordenanza.
   Los primeros cementerios se adosaban a los templos o incluso aprovechando el interior de los mismos para realizar las inhumaciones.
   En Llaranes (Avilés) se realizaron en 2003 las primeras excavaciones datadas por Carbono 14 en Asturias, dando unos muy buenos resultados en la zona que se creía que había ocupado el cementerio de esta parroquia, junto a la vieja iglesia, hoy capilla de San Lorenzo de Cortina, de origen prerrománico.
Estas y las segundas catas (octubre de 2010) realizadas en la zona, sacaron a la luz, aparte de la cimentación del edificio prerrománico (quizás con relación a la ventana geminada de la fachada principal) sobre la que se sitúa el actual, ocho enterramientos en tan sólo ocho metros cuadrados, lo cual indica una ocupación muy intensa o una zona dedicada exclusivamente a las inhumaciones. La datación de los enterramientos de San Lorenzo oscila entre los siglos X y XIV.
   En 2010 también se realizaron excavaciones arqueológicas en la zona que había ocupado el camposanto del barrio de Sabugo, donde se profundizó en la zona que había ocupado la capilla funeraria de los Llano-Ponte, de cuyo último enterramiento, el de Manuela Rodríguez, se conserva la lápida al aire libre. Así pues, tras la excavación se hallaron las basas de columnas de la misma capilla, que había sido derribada a principios del siglo XX por su estado de ruina.
   Junto a la actual iglesia de los Padres Franciscanos se ubicó el cementerio de la villa, lugar donde se construyó en el siglo XIV la capilla de Santa María de Las Alas, también funeraria. Así mismo lo dijo en su testamento don Pedro Juan, fundador de la casa de Las Alas, aludiendo al templo como “la mía capilla que yo mandé facer cerca del ciminterio de San Nicolás”.
   Además, en excavaciones llevadas a cabo en los últimos años se han encontrado restos humanos, y otros datos de interés, como la altura original de la capilla, que hace de ella un cubo perfecto.
Dijimos anteriormente que antes de la normativa de Carlos III se permitía enterrar dentro de las iglesias, y ese es el caso del monasterio de San Francisco del Monte (hoy iglesia de San Nicolás de Bari) con los sepulcros de Juan Alonso de Oviedo, Aldonza González, Ludovico Alfonso y Martín Alas. También en la de los Padres Franciscanos se encuentran los de Pedro Menéndez de Avilés, adelantado de la Florida, y Pedro Solís.
   Hay que destacar que en los monasterios los frailes y las monjas se solían enterrar en los claustros (evidencias arqueológicas en el monasterio de la Merced de Raíces), o también en San Francisco del Monte o en el convento de San Bernardo, que hoy en día estaría ubicado en la calle del mismo nombre. En iglesias rurales, como la de San Lorenzo de Cortina, también aparecieron niveles de enterramientos correspondientes al interior del templo.
   Por último, hay que citar el convento del Monasterio de la Merced de Sabugo, construido en un prado anexo al mismo comprado por el Ayuntamiento hacia 1813 y que se completó en seguida. La portada que conformaba la entrada al mismo actualmente ejerce la misma función en el cementerio parroquial de San Cristóbal, el único parroquial junto al de Valliniello que se conserva en el concejo y que funciona como tal.
Ante el repentino lleno del de la Merced, se decide la construcción de uno nuevo, ya acorde con la normativa promulgada por Carlos III, en la cual se instaba a que los nuevos camposantos se situasen alejados de la población, en lugares elevados y ventilados, por razones higiénicas y salubres.
   Así pues, en 1879 se presenta ante el ayuntamiento el proyecto primero de los de La Carriona, lugar que distaba por aquel entonces unos dos kilómetros de la villa, diseñado por el arquitecto Pedro Cobreros.
   El proyecto definitivo, aprobado en 1884 por Ayuntamiento y Cabildo, fue diseñado por Ricardo Marcos Bausá y bendecido el 28 de agosto de 1890, durando sus obras hasta 1892.

   Este cementerio de La Carriona se ha incorporado a la ASCE (Association of Significant Cementeries in Europe) por su calidad artística e histórica. También se inauguró en la antigua casa del capellán un centro de interpretación que recoge la historia de este singular enclave, que cuenta con obras excelentes de Jacinto Higueras o Cipriano Folgueras, entre otros, y también con los enterramientos de personalidades como Ana de Valle (poeta), los hermanos Orbón, el Marqués de Teverga, etc…

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